Un informe publicado por el periódico The New York Times reveló que al menos 12 soldados de Estados Unidos resultaron gravemente heridos en Jordania durante este mes tras ataques ejecutados por Irán con misiles y drones contra instalaciones de ocupación en la región.
De acuerdo con un funcionario militar citado bajo anonimato, los efectivos lesionados debieron ser trasladados por vía aérea a un centro hospitalario en Alemania, hecho corroborado por el rastreo de aeronaves de evacuación médica C-17 de la Fuerza Aérea estadounidense.
La publicación evidenció la política de opacidad del Pentágono, que evitó divulgar las cifras de bajas recientes hasta la salida a la luz de los reportes sobre las incursiones contra bases militares en suelo jordano.
Los heridos de gravedad forman parte de un saldo cercano a un centenar de tropas lesionadas en acciones defensivas persas desde inicios de julio, acumulando unos 50 afectados en los recientes impactos contra cuarteles de Washington en Jordania.
Datos del reporte periodístico señalan que desde la escalada del conflicto el pasado 28 de febrero, el saldo de las fuerzas norteamericanas asciende a 18 muertos y más de 550 heridos en el área.
Pese a las evidencias y al prolongado silencio oficial sobre las pérdidas militares, los voceros del Departamento de Defensa negaron haber ocultado información, argumentando que no existe obligación de detallar las bajas cuando las tropas retornan con rapidez al servicio activo.
En sus comunicados oficiales, el Comando Central de Estados Unidos justificó sus agresiones aéreas contra infraestructuras iraníes atribuyéndolas a la protección del tránsito en el estrecho de Ormuz, omitiendo deliberadamente las represalias sufridas en sus bases continentales.
Ante la divulgación de las pérdidas, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, recurrió a una línea belicista al declarar que la caída de efectivos en Jordania reafirma la determinación militar de Washington en la región.
